Nuestras humanidades #4: Barcelona

Barcelona. 29 de febrero de 2012. Nuestra música: manifestación de estudiantes en contra de los recortes económicos en el ámbito de su educación. Cosas como: dos fotografías que toman como motivo a cuatro policías que acompañan a la protesta estudiantil. De la primera sabemos que su autor es Albert Gea y que fue distribuida por Reuters. De la segunda, únicamente, que fue puesta en circulación por Efe. A la vista de la comparación, ¿podemos pensar que Albert vendió el trabajo de ese dia a dos agencias distintas? Lo podemos pensar porque en Google encontramos que ya había colaborado anteriormente con Efe. Lo podemos pensar hasta que subo la imagen a wordpress y aparece en la descripción que su autor es realmente Emilio Naranjo. Y lo podíamos pensar, si hasta ahora no nos habíamos percatado de que la segunda imagen fue tomada en Madrid, también el mismo día. Una vez más, el plano del texto ha cubierto el plano visual.

Tenemos dos fotógrafos y una mirada: retratan de la misma manera la cabeza de una manifestación descansando, que la cola de otra mientras circula por las calles de una ciudad distinta. Tenemos dos fotógrafos y una posición: detrás de la poli, alejados de los estudiantes, desde un lugar seguro. Es evidente que también habrán conseguido imágenes desde el otro lado, tomando como motivo a las masas y sus eslóganes. Sin embargo, nuestra preocupación es otra: ¿Dónde tenemos que ir a buscar un contraplano con el que podamos comparar? ¿Dónde tenemos que ir a buscar para poder ver?

¿Aquí?

No, porque la imagen captura un momento diferente, una acción de la que tampoco tenemos un contraplano. Necesitamos imágenes de esos momentos en que reinaba la calma, cuando no se había quemado un contenedor, cuando no había intervenido la policía.

Ahora si que disponemos de ellas. Pero, que a estos fotógrafos les gusten las películas de Peckinpah, Tarantino o Leone, ¿es realmente importante? Perdón, quería decir, ¿es verdaderamente importante?

Es el impulso que les ha llevado a pulsar el disparador de su cámara en un momento muy preciso.

Es el impulso que acerca sus gestos en el tiempo.

Es el impulso nacido como señal inconsciente.

Una señal que pasa desapercibida en ambas imágenes.

Una señal que en realidad es una luz.

Una luz inconsciente que aparece programada a intervalos.

Una luz igual para todos y en todas las ciudades del mundo.

Una luz que gobierna el caos.

UNA LUZ

UNA

El mismo día y a la misma hora se celebraba el Mobile World Congress (MWC). Inacia You, una joven china de 23 años que reside y trabaja en Angola como directora de una multinacional de telefonía móvil, acudió a Barcelona para participar en este importante congreso. Era la primera vez que pisaba Europa: merecía una entrevista (El País, 1/3/2012)

«A Inacia se le dibuja una sonrisa de oreja a oreja cuando le preguntan qué piensa de la capital mundial del móvil. “Estoy feliz de volver a estar en la civilización. Angola no es un país seguro. No salgo nunca allí de noche. Es muy, muy peligroso. Barcelona es bastante similar a Pekín, y quizá las diferencias más destacables entre ambas ciudades sean la arquitectura y el tamaño”. ¿Barcelona se parece a Pekín? Ella cree que sí. “Quizá la visión que se tiene aquí de China es de una dictadura muy dura, con unas reglas muy estrictas; pero en el día a día, la vida cotidiana, no es tan complicada”. Para ella, “las diferencias son visuales: la arquitectura, el tamaño de ambas ciudades…”.

Casi no he tenido tiempo libre. Algunos de mis clientes en Luanda, como Unitel, que es el primer operador de telefonía móvil allí, están en el MWC. No todos los ejecutivos angoleños hablan inglés y es necesario conocer su propia lengua para hacer negocios. Ha tenido tiempo de visitar y caminar por el Paseo de Gracia, ver la Sagrada Familia, “y comer paella y tapas”. De la gente con la que se ha cruzado dice que “son muy amables y muy abiertos. Me gusta mucho cómo me tratan. Siempre están alegres”.

Pero lo que más le ha sorprendido a Inacia durante los días que ha estado en España no han sido las obras de Gaudí, ni la comida típica, ni las fuentes de Montjuic, sino algo a lo que ya nos estamos acostumbrando. “Es la primera vez en mi vida que veo una manifestación”, confiesa.

Esa es la imagen que se llevará de España

¿Qué pasa en Barcelona? (El cultural, 2/3/2012): «En este plano artístico, todos parecen estar de acuerdo en que falta un centro de arte, pieza clave en el ecosistema de la creación artística de cualquier comunidad.»

Ricardo Adalia Martín.

Nuestras humanidades #2: El Macguffin de Turín.

Un señuelo, un cebo, un pretexto. Como el accidente que sufría el medico y su caballo en el arranque de La cinta blanca (Michael Haneke, 2009), la historia que abre de The Turin Horse es un mero reclamo para conducirnos a un espacio singular gobernado por un tiempo muy concreto. Un tiempo sin Historia que solo podemos aceptar llegando a él con una historia. Un tiempo  vivo pero no-vivido. Nuestro tiempo, con el que nos relacionamos como si fuéramos forenses. El vínculo, nuestro vínculo, hace mucho que fue subcontratado. Así que celebramos nuestro analfabetismo temporal calmando nuestros nervios frágiles e irritables a base de largos planos secuencia. Vencidos por la catástrofe, ante los pliegues y arrugas revelados por la epifánica fricción entre “el tiempo” de la ficción con su propio “tiempo”, ha llegado el momento de imaginar en Hiroshima.

Salve quien pueda la vida.

Me and my horses

me and my horses

trouble in two places

as the city walls

down the city rules

thought I was close

to the place where I rose

me and my first date

we give and we take

we evaluate

we negociate

we communicate

thought I was late

when I passed through the gate

this feeling I hate

no, wherever you’re meant to go

back home

like houses

like homes

like leaving

like shoes

like running

like fast

like horses

like trust

like purses

like horns

like dancing

like drowning

with a stone in your pocket

with a stone

like probably

like worry

like possibly

like maybe

like maybe

like maybe…

Ricardo Adalia Martín.

A través de las ficciones

A través de los olivos (1994). El argumento que nos propone Abbas Kiarostami traza el conflicto de unos actores no profesionales que no consiguen separar realidad y ficción. Actuar con la ficción supone para ellos mentir.

Copia Certificada (2010). La pareja de actores que interpreta , expresa, actúa las potencialidades de sus deseos, sus anhelos, sus preocupaciones. No consiguen lo que quieren ni lo que necesitan pero se ve, en su (re)presentación, que lo (re)conocen.

Y la vida continúa (1991). Un director vuelve a las tierras arrasadas por el terremoto buscando al niño que protagonizó ¿Dónde está la casa de mi amigo? (1987). Al tiempo que vemos la huella de la destrucción – al tiempo que el director investiga y acumula historias , diálogos y escenas del post-terremoto- se habla del cine, de su ficción, se desvela su construcción.

En un momento del film un anciano quiere ofrecer un vaso de agua a Pooya -el hijo del director- pero no encuentra el cazo. Pregunta al director dónde está. Atraviesa el plano una mujer que lleva una carpeta con papeles , coge el cazo, se lo entrega y desaparece. La mujer no viste de campesina. Es la script, la ayudante de producción, la persona para todo que conoceremos mejor en A través de los Olivos. Es una escena sorprendente ésta, otro nivel desvelador dentro del discurso desvelador de la historia narrada. Es tan fugaz que fácilmente ni se percibe. No es lo mismo verlo ahora, después de conocer A través de los Olivos, que percibirlo antes de que esta película fuera hecha. Es como si nos adelantara la película que Abbas iba a rodar tres años más tarde y que, por supuesto, aún no había escrito.

Y la vida continúa: Anciano, director e hijo hablan del rodaje de ¿Dónde está la casa de mi amigo? En realidad, el anciano no era tan viejo ni tenía chepa y muchas de las casas habían sido construidas para el rodaje. Dice el director: pero han sobrevivido al terremoto y son casas de verdad.

Varios personajes se preguntan por el sentido de la muerte. ¿Es obra de Alá? ¿Merecemos el castigo? Sólo fue el terremoto, dice el niño Pooya. Mató a los que encontró a su paso. La realidad es el terremoto, parece decirnos. Alá representa para nosotros otra cosa. Alá nos quiere. Esto no le corresponde. Alá es nuestra ficción, nuestro sentido.

El desastre nos iguala. Aventura el joven enamorado en A través de los olivos. Dice que el terremoto vino a hacernos a todos iguales porque ahora ya nadie tiene casa. Pero él mismo reconoce después que eso no es cierto, que las costumbres se mantienen, que él sigue siendo más pobre que aquellos que eran propietarios, que él es analfabeto y la joven que ama no.  La realidad no sólo la compone lo natural, sus desastres y sus virtudes. La realidad no es sólo la noche y el día, la lluvia y el frío. La realidad también es esta casa que está hecha por los hombres con ladrillos. Lo son las ruinas, la altivez de su amada, su posición social inferior.

En A través de los olivos Kiarostami  multiplicaba la estructura en torno a  los artificios del cine. Un director (interpretado por Mohamad Ali Keshavarz) rueda las escenas de Y la vida continúa. El actor que hacía el papel de director de ¿Dónde está la casa de mi amigo? en Y la vida continúa (Farhad Kheradmand) está ahora dentro de cuadro como actor que interpreta al director. Se ensaya frente a la casa de los jóvenes que se habían casado el día después del terremoto sin el permiso de los mayores. Ellos interpretan su rol de actores. Pero hay otra ficción paralela a ésta que también tienen que interpretar que es su otra relación, la que se aporta como real en la ficción de A través de los olivos. Como si fueran ellos mismos, Hossein le aclara a su amada que él no es como actúa según las órdenes del director. Y nosotros, como espectadores, pensamos que esto es real. Pero no lo es. Es otra ficción. Hay una ficción que reconstruye un artificio y desvela verdades y hay, al mismo tiempo, otra ficción que cuenta de otro modo otras verdades. Es como que viene a decirnos: desde el distanciamiento bretchiano o desde la identificación clásica y la catársis, deconstruyendo o seduciendo las emociones, siempre montamos ficciones para acercarnos a verdades. O, en palabras de Abbas: contamos mentiras para alcanzar verdades más profundas.

Con Copia certificada ya sabemos que estamos ante una ficción. Lo que viene a desconcertar es la lógica de tal ficción. Kiarostami revienta el puente que permite que la lógica de la verdad y la mentira de la realidad se instale en el universo de la ficción. Esa lógica que ordena los actos y los diferencia de las ilusiones, la que sanciona como falso todo lo que es irreal, inactual, inalcanzado, ausente. Esa lógica, no llega, no puede ordenar esta ficción.

Primer Plano (1990). Hossain Sabzian  es un pobre hombre obsesionado con el cine y admirador del director Mohsen Makhmalbaf  que inicia una relación con una familia burguesa haciéndose pasar por el afamado director. Cuando la familia descubre la falsedad, lo denuncia por estafa y Sabzian es encarcelado. La investigación de este hecho real permitía a Kiarostami volver a enfrentar dos ejes que se confunden y que no son lo mismo: el eje ficción-realidad frente al eje verdad-mentira. Sabzian sostenía una ficción que le permitía huir de su realidad y quizás acercarse a sus verdades. De algún modo es lo que también hacen Ella y Martin en Copia certificada. Es lo que hacen los actores. Es el modo en el que nosotros, como espectadores, participamos. Es el cine, el arte, los sueños. Kiarostami, el director, lo ha dicho: Sabzian soy yo.

Raquel Castro.