Historias extraordinarias (Mariano Llinás, 2008)

El gato que está
triste y azul
nunca se olvida
que fuiste mía

Seguramente  no habrá quedado nadie sin sentir la necesidad de volver a escuchar este tema, casi desesperadamente, de un cantante tan empalagoso como Roberto Carlos tras  el visionado de Historias Extraordinarias (HE de aquí en adelante). Sobre el ecuador de sus cuatro horas de metraje, en una de tantas digresiones de las que está compuesta la narración en 18 capítulos de sus tres historias principales , comienza a sonar de improviso El gato que está triste y azul sobre la cara de una chica con unos enormes ojos azules. La fascinación que produce esa imagen construida, no tendría nada de especial (por ser una imagen mil veces repetida) si la voz del narrador omniescente no hubiera sufrido un cambio tan imprevisto como la aparición en la banda de sonido de la canción antes citada. Si durante el tiempo que duró la película hasta ese momento una voz masculina narraba las historias de los tres personajes protagonistas (X,Z y H) mezclandándolas sin cruzarlas, en ese momento irrumpe una voz femenina para narrar la sub-historia de Lola Gallo; uno de tantos personajes secundarios que van apareciendo en cada una de las historias.

Hasta ese momento HE nos conducía, con la voz de un único narrador, sobre las indagaciones de sus tres personajes protagonistas en el pasado disgregado de un desconocido ausente: X en el del hombre que acaba de matar, Z en el de Cuevas y H en el del hombre que ideó el sistema de monolitos para el Instituto de Agrimensura. La aparición de la narradora femenina logra con el espectador la otroreidad que será imposible conseguir a X, Z y H, para dejarla presente y disponible para su estudio de una nueva manera. Si en el clasicismo fue en como llegar a un otro, en la modernidad en como solventar la distancia con el entorno, en la época denominada posmoderna, las imágenes que estudiaron esa escisión han acabado por rellenar el hueco existente entre hombre-hombre y hombre-entorno. El nuevo entorno de la imagen nos es tan familiar y cercano que consigue unir lo que realmente sigue escindido haciendo olvidar que lo está. HE lo utiliza para plantearnos, a través del estudio de esa duda tan cinematográfica,  como es posible acceder a todas las imágenes que tenemos disponibles de un modo afectivo.

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Ese cambio de narrador consigue hacerlo de forma subliminal, no solo en ese momento, sino también en los posteriores cambios que se producirán con un tercero. Llinás lo logra siguiendo las huellas dejadas por Alain Resnais con  El año pasado en Marienbad. En ella se dibujaba un mundo petrificado por la memoria que convertía todo lo humano en mecánico. En ese mundo se establecía un juego entre los narradores que aparecían dentro de la propia película, X, A y M (según el guión original), donde lo importante eran las imágenes mentales que eran capaces de crear y transmitir de uno a otro para conseguir dar un relieve emocional a los personajes y crear una emoción en la imagen fría en la que permanecían encerrados.

Porque la memoria ya es la propia imagen de si misma y no se puede acceder a ella de ninguna manera (al igual que X, Z y H a las historias de los otros), Llinás coloca a los narradores fuera de su propia narración. Articulándola en tercera persona a la manera de una novela decimonónica. Con sus detalles milimétricos, sus recuentos, clasificaciones por capítulos, descripciones, digresiones y todas las figuras narrativas que convierten la narración en algo tan desmesurado que no deja lugar a la imaginación del espectador. Dándole incluso las preguntas que normalmente se haría y las respuestas que no podría obtener.

Resnais acudía a una novela de Robbe-Grillet, escrita en el tiempo de la imagen, para construir sus imágenes a partir de ella. Llinás va a un tiempo en el que aún no existía imagen cinematográfica alguna para apropiarse de una metodología de escritura capaz de dirigir una atención hacia las imágenes,  perdida en la rutina de las miradas. Aunque el punto de partida de ambos cineastas es muy distante, de sus objetivos solo le separa un pequeño matiz. Resnais buscaba una emoción en la imagen. Llinás busca una emoción por la imagen.

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Está comprobado que si algo huele a literatura, o sea, ofrece una Historia, el espectador mostrará más interés por lo que está viendo. Y sobre todo en un época donde habíamos llegado a la depuración casi completa de la imagen, en la que se estaba convirtiendo en formula el seguimiento de una cámara a un personaje sin historia. Lo paradójico es que en ese punto donde el cine era más puro, también era donde se encontraba más próximo a la literatura. Ya que el cineasta se asemejaba a un escritor que con la única ayuda de su pluma iba escribiendo, mientras duraba la película, a su personaje. Pero como el espectador pide seguir siendo esclavo del texto y recibir gustoso los latigazos de la palabra, Llinás aprovecha esta circunstancia para fijar firmemente al espectador de HE y situarle en el lugar donde chocan unas imágenes pobremente construidas (no sin talento) a partir de una forma digital, con una hipernarración megalómana.

De esta manera, los narradores van construyendo una contingencia sobre unas imágenes que parecen oníricas al comienzo del metraje y que acaban pareciendo reales (filmadas en papel fotográfico) en su final. Pero que si las observamos sin la banda de sonido nos resultaran similares en todo momento. Parece obvio que ese efecto se logra por los citados cambios de narrador. Donde ya no es posible transmitir imágenes, si lo es el propio hecho de fantasear con ellas. De prestarlas atención. De crear una historia a partir de ellas. Con un imaginario colapsado de imágenes que ocultan sus huellas, lo que propone Llinás es reconstruir las historias que no conocemos a partir de la palabra. Como todo parece estar escrito y como la memoria (los textos) si se fijan en alguna parte hace que se active su mecanismo petrificador, lo que se debe hacer es transmitir esas historias para que se pierdan. Que lo único valido sea que se han transmitido.

Lo que convierte en extraordinarias las historias de Llinás, es que a pesar de la utilización de elementos cerrados sobre si mismos, como son sus imágenes inaccesibles y su narración colosal, se  consigue dar solución a una de las aporías de nuestra época, recogiendo lo que ha quedado de cualquier arte, descontextualizandolo para utilizarlo contra lo que es inaccesible y conferirle así un nuevo estatuto de lo abierto, donde es posible construir una experiencia solo a través de lo que se va a perder por su uso.

Ricardo Adalia Martín.

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4 comentarios en “Historias extraordinarias (Mariano Llinás, 2008)

  1. No comparto la opinión de que Roberto Carlos haya sido (hablo en pasado porque me refiero al que se escuchaba por las radios y vendía muchos discos años atrás) un cantante empalagoso, sino un buen intérprete de buenas canciones románticas, bastante superior a algunos actuales. Personalmente, la única nota discordante de “Historias extraordinarias” es, creo, ese empleo irónico de una de sus canciones tal vez menos felices, “Un gato en la oscuridad”.

  2. Hola Fernando.

    Ya sabes que en esto de lo artistico cada uno tenemos una subjetividad, pero como yo no he sido capaz de escuchar, todavía, ningún disco de Roberto Carlos de forma seguida, recibo su música como empalagosa.

    Por cierto, ¿en Argentina el susodicho tema se llama “El gato en la oscuridad”?

  3. La verdad que es que tuve suerte en poder encontrarla por la red. Una pena que no se haya estrenado (y mucho me temo que no lo hará) en salas como Liverpool.

    Ya había leido tu entrevista. Por ella descubrí que tenía una película anterior. Hasta entonces pensaba que HE era su primera pelicula, y que el resto de su obra era como productor.

    Saludos.

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