Singularidades de una chica rubia (Manoel de Oliveira, 2009)

El toque Oliveira

Estamos ante lo nuevo de Manoel de Oliveira, que, con 101 años persiste inagotable en su particular rastreo del alma humana. De Manoel de Oliveira se resalta siempre su longevidad, pero más allá de la cuestión cronológica, impresionante en si misma, se suele reparar menos en su singularidad como autor de una obra tan impresionante como poco estudiada. El estreno de su última película (ya está haciendo otra) es una nueva oportunidad de prestar atención a su manera única de entender el cine.

La obsesión amorosa atraviesa buena parte de la filmografía del maestro portugués, desde Francisca (1981) hasta Belle Toujours (2006). Algo de Buñueliano hay en la atracción que el contable Macario (Ricardo Trêpa) siente al ver a una chica rubia desde su ventana. Se enamora, en realidad, de una imagen, la imagen de una Luisa (Caterina Wallenstein) encerrada en su propia ventana, como si se tratara de un cuadro animado. De la pintura, el realizador portugués pasa al relato oral (Macario explica su historia a su anónima compañera de viaje –Leonor Silveira-) para finalizar con la literatura; Oliveira se inspira en un cuento del escritor portugués Eça de Queirós.

Todos los personajes de esta preciosa pieza de cámara con aroma a cuento moral prefieren el gesto hierático y la declamación teatral, mientras la puesta en escena celebra lo estático a ritmo de adagio.

El estilo de Oliveira desafía cualquier aproximación convencional, es el resultado de otra manera de entender el cine, un cine donde los planos, las escenas, todo, sigue una lógica diferente a la que ha seguido el cine en los últimos cien años. Para Oliveira el travelling y la panorámica no han sido inventados o son innecesarios, no hacen falta. Oliveira encuentra sus recursos expresivos en si mismo, en la declamación y en el texto, un cine culto que hace de la melancolía su razón de ser y la elegancia su mejor instrumento. En Singularidades de una chica rubia, filmada en planos generales fijos, se permite el lujo de introducir intermedios culturales, como un concierto de arpa o el recitado de unos poemas de Pessoa (recitados por Luis Miguel Cintra que hace de si mismo) en medio de una acción que avanza a su ritmo, el que el maestro cree oportuno.

Esta deliciosa pieza moral nos sumerge en una sublime travesía por la efervescencia del amor platónico, la lucha del individuo contra la rigidez social y las ironías del destino.

Para concluir sólo me resta destacar el demoledor plano final de la película en el que Oliveira nos muestra a una mujer derrotada que ha perdido los límites y la distancia que la habían transformado en un ideal marmóreo. Uno de los mejores planos que ha filmado Oliveira en toda su filmografía, lo que es mucho decir.

Juan Antonio Miguel.

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4 comentarios en “Singularidades de una chica rubia (Manoel de Oliveira, 2009)

  1. Sí es cierto que la película es estática y teatral, pero creo que Oliveira lo hace en parte para transmitir la historia con la misma solemnidad que la historia en que está inspirada. La pelicula en sí me parece una especie de declaración de principios, y una forma única de retratar el sentir humano.

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