Nota editorial

Bastante a menudo, el cine no es más que el arte de eludir la dificultad. (Jacques Rivette)

“La forma que tengo de entender la vida y que trato de proyectar tanto en lo que escribo como en la posición ética de esta publicación, me impide manipular los hechos de un acontecimiento que ha tenido lugar. Gestionar la memoria, sesgarla, acomodarla a unas circunstancias concretas, no las contemplo como una solución moralmente aceptable. Colocar una tirita a una cesura, vendría a ser más un ejercicio de censura que una cura real a la herida abierta. Por todo esto, he decidido no borrar esta entrada” Cuando escribí este comentario no podía imaginar que Juventud en marcha acogía además otras dos críticas intrusas: Ne change Rien (link), La belle personne (link).

Sam Peckinpah no se cansó de repetir que en sus películas no existían malos ni buenos: solamente hombres y sus circunstancias. Juventud en Marcha respeta el silencio que ha decidido guardar Juan Antonio, y mantendrá la idea de no borrar sus críticas porque “De haberlo hecho, Juventud en Marcha se convertiría en cómplice de un engaño multiplicándolo por dos. Exponiendo claramente los hechos y conservando su visibilidad, lejos de pretender justificar la evidencia o asumirla como propia, la publicación trata de tomar nuevo impulso con un mayor grado de exigencia y rigor. Borrar la mancha con que ha sido salpicada, la convertiría en una marca perpetua y por lo tanto inoperable. Por el contrario, conservarla supone poder trabajar activamente sobre ella hasta conseguir darla una salida tan digna como verdadera”

La lógica del mercado exige que el fallo, la mancha o lo no-bello sea eliminado de forma inmediata de cualquier esfera de visibilidad, y que la persona que comete un error sea excluida y reprobada con la mayor celeridad posible. Juventud en marcha trata de alejarse de esta lógica irracional en la que no cabe ningún tipo de contraplano que contrarié las normas de homogenización cultural, conservando lo hechos y dejando la puerta abierta a Juan Antonio para que vuelva escribir en este espacio cuando crea conveniente recuperar su credibilidad.

Si esta publicación rinde homenaje a Pedro Costa es, entre otras cosas, por su ética como cineasta. Su cámara registra de manera impasible como un mundo muta tratando de borrar esa “indisociable verdad” de todo extranjero de la que habla Jean-Luc Nancy. Su ajeneidad es indispensable para que, tanto el extranjero como el habitante del país al que accede de forma intrusa y sorpresiva, conserven su verdadera identidad. De esta manera se logra construir la diferencia indispensable para poner en marcha todo lo que de otra manera quedaría inoperante.

Ventura.

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6 comentarios en “Nota editorial

  1. No sé si te suena el caso de Bellatín, que (conscientemente y con muy buen tino) armó un texto crítico sobre otro autor compuesto en su mayor parte por críticas que otros habían hecho sobre su propio trabajo. terminaba alegando que siempre se habla de lo mismo.

    el caso anterior no es éste, claro, y no trato de defender el plagio, aunque no sé hasta qué punto es tan deleznable. prefiero leer las críticas que este señor ha plagiado que otras muchas escritas por el puño de su autor. el argumento de la cita en este caso me parece banal. cuántas genialidades son plagios. no voy a poner ejemplos. dejo en cambio un poema que puede venir a cuento, y, ya que estamos, no cito al autor:

    ALA (Durero)

    Hemos olvidado por demasiado tiempo la magia del copista. No sabemos si la mano que minuciosamente se demora en el quieto temblor de un ala muerta dice una ausencia o una resurrección. Con qué melancolía su amor repite una pequeña forma irrepetible. También la herida última.

    Tan parecida al júbilo esta conversación serena con la muerte.

  2. Hola Pentene:

    La cita no busca enjuiciar al autor. (Tampoco el resto de la nota. ¿De dónde sacas lo deleznable?). Habría que conectarla con la frase “La lógica del mercado…” Donde lo “normal” hubiera sido borrar las entradas como si nada hubiera pasado o linchado públicamente a su autor, Juventud en Marcha ha escogido el “camino dificultoso” de trabajar sobre la nueva contingencia creada por lo heredado.

    No conocía el caso de Bellatín, pero me parece muy interesante. Tanto como la película “Un autre homme”. Conocer y descubrir las razones por las que se copia o se roba es tan interesante como utilizar esas prácticas como forma de resistencia ante algo. No deja de ser una posición ante la vida. Eso sí, de escogerse debería defenderse hasta sus últimas consecuencias.

    Un abrazo.

  3. Estoy de acuerdo contigo en que una vez que se ha producido una falta no hay razón para eliminar los trazos de la mancha; actuando de otra manera estaríamos contribuyendo a la asepsia, la desmemoria y el olvido generalizado, seríamos entonces cómplices de la falsedad y la anestesia a la que a veces tanto contribuyen las armas del “mundo virtual”.

    También con que siempre quepa el perdón y, por supuesto, la redención, las faltas, como las manchas, aunque sean indelebles no condenan a su autor por los siglos de los siglos. Sin embargo, desde cualquier punto de vista que podamos manejar, creo que se le hace un flaco favor a la verdad (sea esta la que sea), la justicia, la reflexión o la memoria permitiendo que las entradas en cuestión, las “críticas intrusas”, sigan apareciendo (teniendo un autor reconocido) tal cual, como si nada, atribuidas a una persona que, en el mejor de los casos, sería el traductor.

    Tal vez en estos tiempos líquidos, cuando parece que las ideas flotan, vienen y van, están ahí, mantener nociones fuertes como “autoría” pueda resultar una incongruencia, cuestionable y susceptibles de crítica o revisión, pero el plagio (o la intertextualidad como se la camufla hoy en día) cuando no es otra cosa que mero calco es algo que nunca debería ser tolerado.

  4. no, no, yo no decía lo de deleznable por tu texto, lo decía por los comentarios que en su día se volcaron al respecto de las críticas plagiadas. no tengo nada que ver con su autor y ni lo defiendo ni lo critico, sólo quería hacer una pequeña aportación a un caso tan interesante como éste. tu texto me parece razonable y calmo, y la fórmula de mantener los textos en la encrucijada me parece inteligente y necesaria. me has enseñado una lección: de haber ocurrido esto en mi blog, seguramente yo habría borrado los textos sin pensarlo, pero la tuya es una actitud a partir de la cual hay mucho más que aprender y reflexionar. la frase que cierra tu último comentario es otra lección de fuerza: si el autor se hubiera salido por la tangente con una buena defensa de sus plagios, el debate hubiera sido todavía más interesante. lo contrario demuestra cierta debilidad, y pocas posibilidades de defensa.

  5. Hola Jesús,

    Si he utilizado la figura simbólica del intruso para resolver este asunto es, precisamente, por haber sido reconocida e interpretada como intolerable. Los conceptos expuestos por Jean-Luc Nancy en “L´Intrus” que he tratado de aplicar lo más fielmente posible, pasan obligatoriamente por mantener cada crítica tal como fueron recibidas y publicadas. De haber invadido su espacio, de haberlas marcado o reseñado levemente, estaría diluyendo su ajeneidad, y por lo tanto, borrando su condición de extranjeras. De esta manera, he obrado sobre ellas manteniéndome en mi espacio como editor: publicando un nota editorial y enlazando trackbacks a los comentarios de cada entrada, que dejan claro lo que ha pasado y reconocen al mismo tiempo la autoría real y la del plagio.

    Si hubiera publicado una entrada con una argumentación explicativa que detallara minuciosamente cada acontecimiento y además hubiera ajustado las críticas a la “nueva” verdad, estaría cayendo en un discurso paternalista a la manera de, por ejemplo, Zymut Bauman.

    Saludos.

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